ACNUR · Refugee Data Finder · 2025
Las personas venezolanas que ACNUR contabiliza han sido contadas bajo tres nombres distintos desde que empezó la salida masiva. Y cada vez que el nombre cambió, la serie de años anteriores se rehízo con el nombre nuevo.
No es que unas personas salieran de una categoría y otras entraran. Es el mismo grupo, renombrado, y con el pasado reescrito cada vez.
La reclasificación de la última etapa se aplicó hacia atrás hasta 2018, que es por eso el primer año de esta serie. Cualquier cifra publicada antes de esa fecha se refiere a una clasificación que ya no existe, y no es comparable con estas.
5 de cada 100personas venezolanas contabilizadas por ACNUR en 2025 estaban contadas como refugiadas.
Las otras no desaparecen del recuento. ACNUR sigue contando a estas personas en sus totales globales de desplazamiento: lo que cambia es bajo qué etiqueta aparecen, no si aparecen. Leer este número como una tasa de exclusión sería leerlo al revés. Lo que mide es una recategorización, y la categoría mayoritaria es la que cambió de nombre dos veces.
Peso exacto de la categoría de personas refugiadas: 5,3 % de 7.878.574 personas contabilizadas en 55 destinos. De ese total, 195.822 personas —2,5 %— están contabilizadas dentro de Venezuela y no en otro país. El denominador las incluye, porque la consulta pide todos los países de acogida.
El reparto de 2025, con los nombres que usa ACNUR en sus publicaciones en español. No son traducciones nuestras.
Personas apátridas, Personas desplazadas internas, Comunidad de acogida no aparecen en este reparto. Valen cero para todos los destinos del año, que es lo que ocurre cuando el concepto no aplica a un desglose por país de acogida: es relleno del esquema y no una medición. Dibujarlo como una barra en cero diría que se midió y no había nadie.
Fuera del reparto quedan también personas refugiadas retornadas y personas desplazadas internas retornadas. Son flujos de un año, no personas contabilizadas a 31 de diciembre, y sumarlas al total mezclaría dos cosas distintas. Se conservan en los datos y quedan fuera del porcentaje.
La barra ancha es cuánta gente contabiliza ACNUR en ese destino en 2025. La barra fina de debajo es la composición de ese mismo destino: en color, el tramo contado como personas refugiadas. El reconocimiento no depende solo de cuánta gente llega.
La lista de destinos no es la misma todos los años: en el periodo cubierto hubo 30 entradas y 20 salidas. Un país que aparece o desaparece no es gente que llegó o se fue, es un país que ese año reportó o dejó de reportar.
ACNUR devuelve una fila cuyo país de acogida es el propio país de origen. Son personas venezolanas contabilizadas dentro de Venezuela, no en otro país. Entran en el total de la serie porque la consulta pide todos los países de acogida, y por eso el conjunto no se puede describir como «personas fuera de Venezuela».
Conviene saberlo antes de comparar un año con otro, porque esa fila sola no pesa igual todos los años:
En 2022 fue 32,2 % del total. Buena parte de lo que sube y baja en esta serie es esa fila moviéndose, no gente cruzando una frontera: quien compare años sin saberlo lee una migración donde hay un cambio de registro. Las barras de arriba están a escala entre sí, no sobre el total de cada año.
En 2018 esa fila no existe. Es una segunda razón para no comparar ese año con el resto, además de la reclasificación: su total no incluye a nadie contabilizado dentro de Venezuela, y los demás sí.
De los 229 países del catálogo de ACNUR, 55 aparecen como destino en 2025. Los otros 174 no están en esta pieza, y no como países sin dato: un país que no aparece como destino puede ser un país sin personas venezolanas contabilizadas o un país que no reporta. Se comprobó pidiendo pares origen-destino ausentes uno por uno: el API no devuelve fila, así que no distingue los dos casos. La ausencia no se interpreta.
Por eso no hay aquí una lista de ausentes. Publicarla daría a entender que en esos países no hay personas venezolanas, y eso es justo lo que el dato no permite afirmar. El hueco se declara; lo que no se hace es interpretarlo.